Un compromiso de 125 años

  • Artículo publicado  en La Nueva España

El Socialista publicó el 4 de diciembre de 1891 la creación en Gijón de la primera agrupación socialista de Asturias. Apenas habían pasado 2 años desde que el PSOE celebrase su I Congreso y el socialismo cobraba forma en esta ciudad para mantenerse desde entonces unido a sus hombres y mujeres. En una España atrasada en lo social, adormecida en lo industrial y limitada en lo económico, Manuel Sobrino encabezó a un grupo de personas comprometidas con la transformación de aquella sociedad, la mejora de las condiciones de la clase obrera y el fin de las desigualdades que atenazaban a la mayor parte de la ciudadanía.

Desde aquellos tiempos mucho han cambiado las cosas en nuestro país, aunque aún perduran gran parte de las causas que provocaron el nacimiento de la organización y persiste la desigualdad que lastra la vida de muchos hombres y mujeres. Cuando Isidro Díez de la Torre fue elegido en 1911 primer concejal socialista de Gijón, el PSOE ya reclamaba mejorar el alumbrado y el mantenimiento urbano, la necesidad de abordar programas de apoyo a la enseñanza o la urgencia de combatir la malnutrición en las escuelas, entre otras muchas cosas. Hasta 1979 la mayoría de aquellas demandas fueron sólo una ensoñación que, gracias al liderazgo y la acción de gobiernos socialistas, se convirtieron en una realidad en el Gijón que vivimos. Sin embargo, hoy tenemos que volver a poner sobre la mesa muchas de estas cuestiones porque es preciso atender las necesidades causadas por el empobrecimiento que las políticas de la derecha han traído en los últimos años.

Los orígenes y una gran parte de este tiempo han estado marcados por la falta de libertad y la represión hacia quienes defendían los valores socialistas. Han sido 125 años de compromiso y entrega en los cuales muchas de aquellas personas pagaron con penas de cárcel, incluso con su vida, la defensa de una sociedad más justa. Ángel Martínez Pérez, primer alcalde del PSOE, elegido en 1936, fue uno de quienes sufrieron persecución y exilio por sus ideas en el inicio del Siglo XX, padeciendo después la Guerra Civil y viéndose obligado a refugiarse en Francia para evitar una muerte segura. Él fue uno, pero hubo muchos más antes y después de aquella fecha.El fin de la guerra y la larga noche de la dictadura buscaron silenciar cualquier discrepancia. Muchos socialistas se vieron obligados al exilio perseguidos por el régimen y su violencia, pero otros mantuvieron la llama de la organización viva. Marcelo y su compañera Encarna Vega fueron las figuras más conocidas, aunque también estaban otros como Juan y José Castro, Enrique Carrió, Fidel García, Primitivo Vallina, José Manuel Alonso Paniceres, Tino Antuña, Miguel Luis Ampudia y su compañera Lola, Agustín González, Raimundo Cordero o su hijo Aladino, por citar algunos nombres. Ellos y muchos otros contribuyeron a la continuidad interior y sirvieron de nexo con el exilio, constituyendo la base del renacimiento de la organización tras el fin del franquismo.

La agrupación socialista de aquellos tiempos podía asemejarse, en palabras de Pedro de Silva, a una especie de árbol donde había unas raíces —la militancia de más edad, depositaria de la historia y la tradición— y había unas ramas renovadas —los más jóvenes, con una visión más actual y portadores de savia nueva— que contribuían a que el PSOE fuese algo sólido y consistente. Sin duda esta era una visión compartida por buena parte de la sociedad gijonesa porque ésta apoyó de modo decidido el proyecto socialista durante más de 3 décadas. José Manuel Palacio, Vicente Álvarez Areces y Paz Fernández Felgueroso fueron quienes representaron a la agrupación en el Ayuntamiento y tuvieron la responsabilidad de modernizar Gijón y transformarlo en una ciudad del Siglo XXI, solidaria, cohesionada y comprometida con la igualdad.

Pero la historia no ha terminado. El Gijón de 2016 no puede entenderse sin el trabajo y el liderazgo del PSOE, sin su capacidad para integrar opiniones y cohesionar la ciudad, sin su compromiso con la igualdad de oportunidades y sin su mentalidad innovadora. En términos históricos 125 años no son nada, igual que si miramos adelante y vemos todo lo que queda por hacer. Esta efeméride es solo un paso más en el camino que tiene que sernos útil para aprender de los errores y reflexionar sobre las respuestas que demanda la cambiante realidad en la que vivimos. Hoy, como aquel 4 de diciembre de hace 125 años, las y los socialistas seguimos comprometidos con Gijón y con el cambio que tiene que traernos una sociedad más justa.