Imagina un Gijón más decente

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Gijón desde el parque de La Providencia

“¡No permitamos que nos sigan anestesiando!”. Lo he oído, dicho de cien maneras diferentes, en los cientos de conversaciones mantenidas en estos pasados días con compañeras y compañeros. Y les he respondido que aspiramos a gobernar para cambiar Gijón de nuevo, recuperar su pulso y que lo haremos con mimbres frescos, contando cada día con la sabiduría de la gente. Quienes me hayan escuchado no me dejarán mentir.

Estamos en la primera fase de una carrera de fondo. Un esfuerzo colectivo que habrá de llevarnos de nuevo a ensanchar el aire de cambio que ya se respira en la ciudad. Y para esa tarea me presento a este proceso ilusionante, democrático y transparente que son las elecciones primarias socialistas. Quiero que las cosas cambien mucho y en poco tiempo. Pero, sobre todo, quiero empezar cambiando las formas. Maneras distintas de imaginar la ciudad para gobernar de otra manera.

El domingo pasado, el Alcalde de Lisboa daba el primer gran paso para renovar, transformándolo, el Partido Socialista portugués. Entre sus decisiones más comentadas está la de haber cambiado el despacho de la Alcaldía a un barrio conflictivo de la capital lusa. “Así –decía- estoy mucho más cerca de los problemas”. En Gijón no necesitamos nuevas oficinas en los barrios: Las tenemos. Pero debemos ocuparlas y activarlas para vivir más de cerca esos problemas de tantos miles de familias que necesitan cercanía, atención y respeto. Una compañera, en el pequeño tren de la libertad que nos llevaba hace unos días a Oviedo, me decía :“Josechu, no hay que cambiar las cosas, hay que cambiar la vida”. Me identifico al ciento por ciento con ese compromiso.

Y el tiempo no admite excusas. Toca remover las aguas de esta bahía nuestra, de La Ñora al Musel, con la ligereza y la rapidez de quienes sabemos que ese tiempo si importa. No podemos ser lentos, pesados o imprecisos. Hemos de centuplicar nuestra precisión en la detección de los problemas, adelantarnos si es posible a sus efectos, multiplicarnos aprendiendo y hablando con las voces de nuestra gente. Para ser exactos en las respuestas hemos de oír todas las opiniones y atender a sus razonados argumentos.
Las y los socialistas seremos la fusión de esas voces o no seremos. Y para ser rápidos en las respuestas, necesitamos tener esas ideas de cambio muy claras y tener más claro el camino para llevarlas a cabo. Sabemos cómo hacerlo. En estos años últimos hemos aprendido más que nunca.

Hay quien dice que el pasado no le importa. Y lo respeto. Pero no comparto en absoluto el argumento. Creo que a nadie que haya vivido en Gijón en el último cuarto de siglo se le puede olvidar lo que la ciudad era y lo que es. Ni que fuimos las y los socialistas quienes contribuimos decisivamente a esa transformación, de la que estamos orgullosos. Sin pasado no somos nada. Sobre él se construirá el futuro que nos volverá a hacer más iguales, pues son sus cimientos los que lo harán posible. Del pasado aprendemos a través de quienes lo protagonizaron, de aquellas personas que se ganaron el respeto de la ciudadanía.

Y en el pasado reciente un Ayuntamiento socialista promovió la aprobación y aplicación de la Ley de Grandes Ciudades, la división en Distritos, la creación de un Consejo Social de la ciudad, de un consejo de la mujer, de un consejo escolar municipal, …, de numerosos órganos de representación que fundaban las bases de un modelo de participación ciudadana, totalmente inacabado. Porque faltan campos de participación enteros sin desarrollar y porque los actuales han tenido durante un largo trienio la parálisis como único horizonte.

Lo mismo que el pacto por el empleo que nosotros promovimos y que necesita un empuje urgente para salir de su empantanamiento: Moriyón ha pasado por Gijón sin dejar otra huella que la inacción y sus secuelas y su paso se nos ha ido, como agua, entre las manos. Lo mismo que la capitanía industrial e innovadora que nos corresponde y que no tiene un instrumento con suficiente empuje para reafirmarla. O que la pluralidad cultural, falta de visión o estrategia alguna de y para la ciudadanía.

Universidad y ciudad vuelven a convivir como extraños en un tren que no sabemos dónde va. Quizá como ese despilfarrado túnel bajo nuestros pies, monumento a la voluntad disparatada. Habrá que recuperar el saber de sus aulas, incentivar su impulso y explorar sus enormes capacidades. El Gijón de la inteligencia, como el del trabajo decente, la igualdad de géneros, los derechos sociales y culturales quieren colaborar, compartir un horizonte. Y somos las y los socialistas quienes conocemos mejor, palmo a palmo, esos escenarios de presente futuro.

Porque siempre hemos sabido estar abiertos a todo lo que suponga mejora de las condiciones de vida y de trabajo de nuestra gente, empleo y vida decentes, garantía de los derechos sociales y civiles, herramientas y servicios a favor de la igualdad efectiva, protección a las y los más desfavorecidos. Y ahora más que nunca tenemos que hacerlo posible juntos, sin excusas.

Para no dejar que ese Gijón que imaginamos y estábamos construyendo se nos vaya como el agua entre las manos, no habrá que cejar desde ahora ni un momento en el proceso de cambiar las cosas. Para hacer del nuestro un lugar más decente. Y harán falta todas las manos y toda la inteligencia colectiva para colaborar a que eso ocurra.